Caso Comunidad Homosexual Argentina c. Resolución Inspección General de Justicia (1991)

Caso Comunidad Homosexual Argentina c. Resolución Inspección General de Justicia (1991)
27 mayo 2017 Javier Walpen

El caso “Comu­ni­dad Homo­se­xual Argen­ti­na c. Reso­lu­ción Ins­pec­ción Gene­ral de Jus­ti­cia”, de la Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia de la Nación (CSJN), del año 1991, es un ante­ce­den­te his­tó­ri­co en rela­ción con el dere­cho de las per­so­nas LGBT a obte­ner la per­so­ne­ría jurí­di­ca [1].

La Comu­ni­dad Homo­se­xual Argen­ti­na (CHA) soli­ci­tó el otor­ga­mien­to de la per­so­ne­ría jurí­di­ca. Dene­ga­do el pedi­do por la Ins­pec­ción Gene­ral de Jus­ti­cia (IGJ), la aso­cia­ción ape­ló judi­cial­men­te la reso­lu­ción, que fue con­fir­ma­da por la Sala I de la Cáma­ra Nacio­nal de Ape­la­cio­nes en lo Civil. Con­tra tal pro­nun­cia­mien­to, la peti­cio­nan­te inter­pu­so recur­so extra­or­di­na­rio, el que fue con­ce­di­do par­cial­men­te, por lo que inter­pu­so recur­so de hecho. La CSJN, por mayo­ría, con­fir­mó la sen­ten­cia, enten­dien­do que la CHA no tenía como obje­to prin­ci­pal el bien común.

La CHA había mani­fes­ta­do que el obje­to que se tuvo en miras a la hora de su crea­ción era bre­gar por que la con­di­ción de las per­so­nas homo­se­xua­les no sea moti­vo de dis­cri­mi­na­ción en lo fami­liar, social, moral, reli­gio­so, labo­ral, ni de nin­gu­na otra índo­le, gene­rar ámbi­tos de refle­xión y de estu­dios mul­ti­dis­ci­pli­na­rios sobre la pro­ble­má­ti­ca homo­se­xual y difun­dir­los y, en últi­mo tér­mino, luchar por la ple­na vigen­cia de los dere­chos huma­nos en todo el terri­to­rio de la Nación Argentina.

Sin embar­go, los argu­men­tos de la Cáma­ra, en línea con la reso­lu­ción de IGJ, con­sis­tie­ron, entre otros, en que:

(…) la deci­sión del ente rec­tor tuvo sus­ten­to en auto­ri­za­das opi­nio­nes que con­cor­da­ron en el hecho de que la homo­se­xua­li­dad es un tras­torno en la con­duc­ta sexual y en gran par­te de los casos requie­re un ade­cua­do tra­ta­mien­to psi­quiá­tri­co; c) que por otra par­te, los prin­ci­pios de la deno­mi­na­da “moral cris­tia­na”, que recha­zan este tipo de con­duc­tas por ser con­tra­rias a los obje­ti­vos mis­mos de la sexua­li­dad, esto es a la repro­duc­ción de la espe­cie, poseen pro­fun­do arrai­go en nues­tra socie­dad y se expre­san por medio de los arts. 2, 67 incs. 15 y 16 de la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal y art. 33 del Cód. Civil; d) que la pre­ten­sión inten­ta­da se apar­ta del art. 14 bis de la Ley Fun­da­men­tal, en cuan­do dicha nor­ma ase­gu­ra la pro­tec­ción inte­gral de la fami­lia; e) que los fines de la aso­cia­ción en cues­tión no se com­pa­de­cen, por otra par­te, con los obje­ti­vos de bien común que exi­ge la nor­ma vigen­te para el otor­ga­mien­to de la per­so­ne­ría jurídica (…)”.

Por lo tan­to, al no cum­plir con los requi­si­tos para obte­ner la per­so­ne­ría jurí­di­ca, no podría decir­se, según la deci­sión de la Cáma­ra, que hubo dis­cri­mi­na­ción con­tra la CHA, ya que la Ley 23.592 de Actos Dis­cri­mi­na­to­rios no san­cio­na toda dis­cri­mi­na­ción, sino

(…) exclu­si­va­men­te aque­lla que en for­ma arbi­tra­ria res­trin­ja de algún modo o menos­ca­be el pleno ejer­ci­cio sobre bases igua­li­ta­rias de los dere­chos y garan­tías fun­da­men­ta­les reco­no­ci­dos en la Cons­ti­tu­ción Nacional.”

La Cáma­ra había inter­pre­ta­do que la CHA ten­dría como fin “la defen­sa públi­ca de la homo­se­xua­li­dad con vis­tas a su acep­ta­ción social” y ése fue uno de los moti­vos para recha­zar la deman­da, ya que dicho obje­to sería con­tra­rio al “bien común”. La CSJN coin­ci­de con dicho argu­men­to, aun cuan­do el obje­ti­vo men­cio­na­do no estu­vie­ra pro­ba­do, sino que sur­ge como inter­pre­ta­ción de la Cáma­ra. Al res­pon­der a los dis­tin­tos agra­vios de la deman­dan­te, la CSJN con­si­de­ra que no corres­pon­de en el caso su revi­sión, ya que no hay arbi­tra­rie­dad que lo jus­ti­fi­que, y sur­ge de la sen­ten­cia la enun­cia­ción de las razo­nes para así decidir.

A su vez, en rela­ción con el dere­cho a la libre expre­sión, la CSJN sos­tie­ne que el mis­mo no se ve cer­ce­na­do, ya que las sim­ples aso­cia­cio­nes civi­les (del artícu­lo 46 del Códi­go Civil) tie­nen ple­na capa­ci­dad para ejer­cer su dere­cho a la libre expre­sión, aun sin acce­der a la per­so­ne­ría jurí­di­ca. Según lo entien­de el juez Bellus­cio en su voto, “El dere­cho cons­ti­tu­cio­nal­men­te con­sa­gra­do es el de aso­ciar­se y no el de acce­der a la per­so­na­li­dad jurídica.”

Asi­mis­mo, en línea con lo deci­di­do por la mayo­ría, según el voto del juez Barra,

La auto­ri­za­ción pre­vis­ta en el art. 33 del Cód. Civil es de inte­rés esta­tal –para fomen­tar en los par­ti­cu­la­res su aso­cia­ción con fina­li­da­des que el Esta­do con­si­de­ra de bien común–, por lo cual –cuan­do expre­sa un inte­rés sus­tan­cial esta­tal, según resul­ta de la moti­va­ción del acto admi­nis­tra­ti­vo dene­ga­to­rio de la per­so­na­li­dad jurí­di­ca pedi­da– su no otor­ga­mien­to no agra­via dere­chos del peti­cio­nan­te, ni pue­de impor­tar dis­cri­mi­na­ción alguna.”

Sin embar­go, es impor­tan­te des­ta­car el voto en disi­den­cia del Dr. Car­los Fayt, quien entien­de que, aun cuan­do la CHA podría lle­var ade­lan­te sus acti­vi­da­des como aso­cia­ción civil, es cla­ro que la medi­da toma­da por la IGJ le impi­de dis­fru­tar de todos los dere­chos de que son titu­la­res las res­tan­tes aso­cia­cio­nes a las que sí se les otor­gó la per­so­ne­ría jurídica.

Asi­mis­mo, Fayt expre­sa que:

La exé­ge­sis de la nor­ma legal no pue­de lle­gar al extre­mo de exi­gir mayo­res requi­si­tos que los que impo­ne la ley, situa­ción que se pre­sen­ta en la sen­ten­cia de Cáma­ra dado el con­te­ni­do otor­ga­do por ella al art. 33 del Códi­go Civil” y que “(…) la pro­tec­ción con­sa­gra­da por la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal para la fami­lia no pue­de ser inter­pre­ta­da con abs­trac­ción de otros dere­chos (…) la arqui­tec­tu­ra social, para la que es suma­men­te valio­sa la uni­dad fami­liar, no pue­de sobre­po­ner­se a las deci­sio­nes ínti­mas. De no ser así, se impon­dría a los habi­tan­tes de nues­tro terri­to­rio un tipo de vida pla­ni­fi­ca­do con el obje­to de cons­truir una comu­ni­dad diri­gi­da des­de el poder que ani­qui­la­ría los dere­chos individuales”.

Fayt sos­tie­ne que:

La pro­tec­ción del ámbi­to de pri­va­ci­dad resul­ta uno de los mayo­res valo­res del res­pe­to a la dig­ni­dad del ser humano y un ras­go de esen­cial dife­ren­cia­ción entre el esta­do de dere­cho y las for­mas auto­ri­ta­rias de gobierno.”, por lo que “el pun­to axial en examen resi­de en deter­mi­nar si las con­duc­tas de las per­so­nas a las que tie­ne en vis­ta la recu­rren­te, tras­cien­den o no la esfe­ra que la Cons­ti­tu­ción pro­te­ge, de modo que pue­dan lle­gar a afec­tar a la socie­dad toda” (…) y “(…) la res­pues­ta resul­ta negativa”.

Con­si­de­ra, ade­más, que la homo­se­xua­li­dad es una fuen­te de dis­cri­mi­na­ción y de pade­ci­mien­to, por ser con­si­de­ra­da una prác­ti­ca no ade­cua­da a una normalidad:

(…) aún cuan­do se le dé a este tér­mino el mas rela­ti­vo y débil de los sen­ti­dos (…)”

Por su par­te, el juez Petrac­chi, tam­bién en disi­den­cia, con­si­de­ra que:

(…) no se advier­te víncu­lo racio­nal alguno entre aque­lla pau­ta -la con­duc­ta sexual de los aso­cia­dos – y de algún ideal públi­co cons­ti­tu­cio­nal­men­te váli­do que se qui­sie­ra alcan­zar limi­tan­do el dere­cho de aqué­llos a aso­ciar­se, como lo sería la defen­sa de bie­nes e intere­ses de ter­ce­ros res­pec­to de un daño o peli­gro cier­to y con­cre­to, cuya exis­ten­cia, por lo demás, no ha sido acre­di­ta­da en autos.”

NOTA

[1] Fallo “Comu­ni­dad Homo­se­xual Argen­ti­na c. Reso­lu­ción Ins­pec­ción Gene­ral de Jus­ti­cia”, Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia de la Nación, de fecha 22/11/1991, CSJN 314:1531. Cita onli­ne: AR/JUR/418/1991.

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