Intimidad

El derecho a la intimidad

El con­cep­to de la inti­mi­dad se con­di­ce con el dere­cho que posee cada per­so­na a desa­rro­llar un deter­mi­na­do plan de vida, con­for­me a las creen­cias, idea­les u obje­ti­vos personales. 

En este plano, dicha noción entra en jue­go con el con­cep­to de liber­tad, que es tras­cen­den­tal y se encuen­tra con­sa­gra­do en el Artícu­lo 19 de la Cons­ti­tu­ción con su cláu­su­la de reser­va. En ésta, se esta­ble­ce que las accio­nes pri­va­das que no per­ju­di­quen a un ter­ce­ro, están exen­tas de la auto­ri­dad de los magis­tra­dos y a par­tir de este con­cep­to es que hay un desa­rro­llo doc­tri­na­rio y juris­pru­den­cial don­de entra el jue­go la con­cep­ción de la liber­tad de adop­tar un pro­yec­to de vida sin ver­se obli­ga­do a que el Esta­do inter­fie­ra en el mismo.

Ver jurisprudencia

Esta prohi­bi­ción de inter­fe­ren­cia refie­re tam­bién a que el Esta­do debe velar por­que las per­so­nas pue­dan man­te­ner su esfe­ra de inti­mi­dad, sin que un ter­ce­ro se inmis­cu­ya en ésta.

Este men­cio­na­do dere­cho se vio repe­ti­da­men­te ampa­ra­do y pro­te­gi­do en casos labo­ra­les, que ape­lan a la no dis­cri­mi­na­ción y a la per­ma­nen­cia de las per­so­nas en sus pues­tos de tra­ba­jo. En dichos casos, los emplea­do­res sue­len des­pe­dir sin cau­sa a la per­so­na per­te­ne­cien­te al colec­ti­vo LGBTIQ que tra­ba­ja en deter­mi­na­do lugar. Lue­go de esto, los/as empleados/as son denunciados/as por daño moral, deri­va­do de tra­to dis­cri­mi­na­to­rio por la con­di­ción de per­te­nen­cia al colec­ti­vo de la diver­si­dad sexual y por inmis­cuir­se el emplea­dor en la inti­mi­dad de la per­so­na En estos casos, los jue­ces aco­gen lo sos­te­ni­do por la per­so­na LGBTIQ, dan­do por demos­tra­da la men­cio­na­da intro­mi­sión en la intimidad. 

Por otra par­te, exis­te un fallo en par­ti­cu­lar, “V. M. c/ Edi­to­rial Atlán­ti­da S.A. | daños y per­jui­cios s/ ordi­na­rio”, del año 2015, en el cual se con­de­na a una edi­to­rial a resar­cir el daño moral cau­sa­do, a raíz de la publi­ca­ción de una foto de un actor en un con­tex­to dife­ren­te del cual había sido publi­ca­da. En esta nue­va publi­ca­ción, la ima­gen gene­ró intri­gas sobre su sexua­li­dad, res­pec­to de la cual el actor no tenía la inten­ción de hacer públi­ca de esa for­ma. En este fallo, es intere­san­te la cues­tión del dere­cho a la inti­mi­dad y a la no divul­ga­ción de la sexua­li­dad de las per­so­nas por par­te de los medios de comu­ni­ca­ción, sea esta divul­ga­ción cer­te­ra o falaz.

Así, se iden­ti­fi­ca la inten­ción de los magis­tra­dos de pro­te­ger el dere­cho a la inti­mi­dad de las per­so­nas del colec­ti­vo LGBTIQ, a fin de lograr pro­mo­ver el res­pe­to por la auto­no­mía y el ámbi­to de pri­va­ci­dad de las per­so­nas, bus­can­do la no estig­ma­ti­za­ción de los tra­ba­ja­do­res por su orien­ta­ción sexual e iden­ti­dad de géne­ro, aspec­tos que per­te­ne­cen al ámbi­to de su inti­mi­dad de la persona.